martes, 12 de abril de 2016

Para recibir hay que dar

- ¿Por qué muchas relaciones fracasan?
- En muchos casos nos emparejamos para que nos den, no para aportar, y la pareja funciona más en función de lo que aportas que de lo que pides. El arte de enamorar es el arte de mejorar. Las personas no nos quieren por nuestra necesidad de ser queridas, sino por los factores positivos que aportamos a la relación, por tanto, si yo mejoro, yo enamoro.

- Para recibir hay que dar.
- Exactamente, pero no se trata de dar y recibir en el sentido de que exista una contraprestación. No es que yo te doy porque tú me das, sino que nos damos los dos porque nos queremos dar. Es reciprocidad.

- Dar para complacer.
- Convivir implica conceder, pero no hay que confundirlo con “ceder”. Yo concedo cuando quiero hacer una aportación positiva al otro; en cambio, cedo cuando tengo miedo de perder al otro. La concesión me enriquece porque la disfrutamos; la cesión para complacerte a ti, como me empobrece a mí, tarde o temprano te empobrecerá a ti también.

- Pero encontrar el equilibrio entre “ceder” y “conceder” no es tan fácil.
- Solo se encuentra con un proceso de maduración personal, armonizando el placer suficiente con el deber necesario. La gran escuela del aprendizaje vital que nos permite madurar es la pareja. Ninguna relación es tan compleja, tan rica ni tan plena, pero a la vez tan potencialmente conflictiva porque se mezclan muchos roles distintos: amigos, familia, padres, amantes, compañeros, solidarios…

Antonio Bolinches en La Vanguardia

Ilustración Davor Pavelic


Si la cabeza te dice una cosa.

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