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domingo, 17 de septiembre de 2017

El Beso


Érase una vez una muchacha y un joven. Estaban sentados en una piedra, en una punta de tierra que se adentraba en el mar, y las olas golpeaban hasta tocar sus pies. Estaban sentados, callados, cada uno en sus pensamientos, y vieron ponerse el sol.

Él pensó que tenía muchas ganas de besarla. Su boca parecía hecha para eso. Había visto chicas más hermosas y, en realidad, estaba enamorado de otra, pero no creía poder besarla nunca, ya que era un ideal y una estrella, y “a las estrellas uno no puede desear poseerlas”. Ella pensó que querría que él la besara, porque entonces tendría una oportunidad de enojarse con él y mostrarle lo mucho que lo despreciaba. Se levantaría, levantando las faldas y ajustándolas en torno a sí; lo miraría con una mirada cargada de helada burla y se iría, derecha y sin prisas innecesarias. Pero para que no pudiera adivinar lo que pensaba, dijo en voz baja, muy lentamente:

-¿Cree usted en otra vida después de ésta?

Él pensó que sería más fácil besarla si contestaba que sí. Pero no recordaba bien cómo había respondido en otra oportunidad a la misma pregunta y tuvo miedo de contradecirse. Por eso la miró profundamente a los ojos y dijo:
-Hay momentos en que creo que sí.

Esa respuesta agradó a la chica enormemente y pensó: “De todas maneras, me gusta su pelo y también la frente. Es una lástima que la nariz sea tan fea y que no tenga una posición. Es sólo un estudiante”. Con un novio como ése no la envidiarían sus amigas.

Él pensó. “Ahora, decididamente, puedo besarla”. Pero tenía mucho miedo; no había besado antes a ninguna joven de buena familia, y se preguntaba si sería peligroso. Su padre dormía, tumbado en una hamaca, no muy lejos de allí, y era el alcalde de la ciudad.

Ella pensó: “¿Será quizá mejor que le dé un bofetón cuando me bese?”. Y pensó de nuevo: “¿Por qué no me besa, es que soy tan fea y desagradable?”.
Y se inclinó sobre el agua para mirarse reflejada, pero su retrato se rompió en las olas que salpicaban.

Pensó a continuación: “Me pregunto qué sentiré cuando me bese”. En realidad, la habían besado una sola vez, un teniente, después de un baile en el hotel de la ciudad. Pero olía muy mal, a cigarros y a ponche, y ella se había sentido un poco halagada de que la hubiera besado, ya que era un teniente, pero, por otra parte, ese beso no había sido gran cosa. Y, además, lo odiaba, porque después del beso ni le había propuesto matrimonio ni había vuelto a mirarla.

Mientras estaban allí sentados, cada uno en sus pensamientos, el sol se puso y oscureció.

Y él pensó: “Ya que está todavía sentada a mi lado y el sol se ha ido, quizá no tenga nada en contra de que la bese”.
Y lentamente le pasó un brazo sobre los hombros.

Eso ella no lo había previsto. Había creído que la besaría sin más preámbulos y que entonces ella le daría una bofetada y se iría como una princesa. Ahora no sabía qué hacer; quería enfadarse con él, pero no quería perder la oportunidad de ser besada. Por eso se quedó sentada completamente quieta.
Entonces él la besó.

Era mucho más extraño de lo que ella había pensado; sintió que se quedaba pálida y sin fuerzas, y que se había olvidado totalmente de darle un bofetón, y de que no era nada más que un estudiante.

Pero él pensó en un pasaje del libro de un médico muy religioso, llamado La especie femenina, en donde decía: “…Pero cuidado con dejar que el abrazo matrimonial se supedite al dominio de las pasiones”. Y pensó que debía ser muy difícil cuidarse si un solo beso podía ya hacer tanto.

Cuando salió la luna, estaban todavía sentados besándose.

Ella le susurró al oído:
-Te amé desde el primer momento en que te vi.
Y él respondió:
-Para mí no ha habido otra en el mundo como tú.

Hjalmar Söderberg

Ilustración Google

Si la cabeza te dice una cosa.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Sobre el arrepentimiento sincero


Un profesor solía agredir al monje Chu Lai, pues no creía en nada de lo que éste decía. Sin embargo, la mujer del profesor era seguidora de Chu Lai, y le exigió a su marido que fuese a pedirle disculpas al sabio.

Disgustado, pero sin ganas de contrariar a su mujer, el hombre se acercó hasta el templo y murmuró algunas palabras de arrepentimiento.

-Yo no te perdono – dijo Chu Lai – Vuelve a tu trabajo.

La mujer se quedó horrorizada.

-Mi marido se humilló, y usted, que se dice sabio, ¡no fue generoso!

Respondió Chu Lai:

-Dentro de mi alma no hay ningún rencor. Pero, si él no está arrepentido, es preferible que reconozca que me tiene rabia. Si yo hubiese aceptado su perdón, estaríamos creando una falsa situación de armonía, lo que aumentaría más aún la rabia de tu marido.

"El arrepentimiento cómo el perdón debe ser sincero".

Anónimo

Ilustración Mckenzie Thorpe


Si la cabeza te dice una cosa.

lunes, 22 de junio de 2015

Estar presente


- ¿Dónde debo buscar la iluminación?.
Aquí.
- ¿Y cuándo tendrá lugar?.
Está teniendo lugar ahora mismo.
- Entonces, ¿por qué no la siento?.
Porque no miras.
- ¿Y en que debo fijarme?.
En nada. Simplemente mira.
- Mirar ¿qué?.
Cualquier cosa en la que se posen tus ojos.
- ¿Y debo mirar de alguna manera especial?.
No. Bastará con que mires normalmente.
- Pero ¿es que no miro siempre normalmente?.
No.
- ¿Por qué demonios...?
Porque para mirar tienes que estar aquí, y casi siempre no lo estás.

Anónimo

Si la cabeza te dice una cosa.

sábado, 25 de abril de 2015

No te olvides de soltar el vaso


Una psicóloga en una sesión de grupo levantó un vaso de agua, y ya todo el mundo esperaba la típica pregunta:

– ¿Está medio lleno o medio vacío?

Sin embargo,preguntó:

¿Cuánto pesa este vaso?
Las respuestas variaron entre 200 y 250 gramos.

A lo que la psicóloga dijo:
“El peso absoluto no es importante, depende de cuánto tiempo sostengo el vaso.
Si lo sostengo 1 minuto, no es problema, si lo sostengo 1 hora, me dolerá el brazo.
Si lo sostengo 1 día, mi brazo se entumecerá y paralizará. El peso del vaso no cambia, pero cuanto más tiempo lo sujeto, más pesado y más difícil de soportar se vuelve.”

Y continuó:

“Las preocupaciones son como el vaso de agua. Si piensas en ellas un rato, no pasa nada. Si piensas un poco más, empiezan a doler y si piensas en ellas todo el día, acabas sintiéndote paralizada, incapaz de hacer nada.”

¡No te olvides de soltar el vaso!

Anónimo

Ilustrado Doug Boehm

Si la cabeza te dice una cosa.

lunes, 9 de marzo de 2015

Abre tu corazón a los colores y disfruta de una vida con color


En una ciudad azul, donde todo era azul, debajo de un árbol azul, descansaba sobre el césped azul, un hombre azul todo vestido de azul.

El hombre azul se desperezó y abrió sus ojos azules al cielo azul. De pronto, vio recostado a su lado a un hombre verde, vestido de verde.

El hombre azul, entre sorprendido y asombrado le preguntó:
¿Y usted qué hace aquí?
¿Yo? – contestó el hombre verde- Me escapé de otro cuento porque ahí me aburría.


“Sal del aburrimiento y del dolor. Cambia tu color. No te vistas más de negro, los colores oscuros bajan tu ánimo y perpetúan la desesperanza. Abre tu corazón y disfruta del color que te ofrece la vida”.

Anónimo

Ilustración Chistian_Schole


Si la cabeza te dice una cosa.

lunes, 15 de diciembre de 2014

La niña de los fósforos


Puede que te ofenda que mi nivel de inteligencia todavía no haya llegado a estar tan desarrollado como el tuyo. Puede que te duela ver que las heridas que un día se abrieron sigan sin cerrarse. Puede que mi discurso que languidece en lugar de hacerse fuerte, comience a provocar cierta desconexión por tu parte.

Puede que mi intermitencia, apague la llama. Puede que el miedo, frene una iniciativa. Puede que lo que nunca fue, nunca encontrara una salida.

Así que, ¿para que seguir intentando algo que nunca vio una luz? ¿Para que invertir tiempo y esfuerzo en algo que jamás llegó a estar vivo? Si tú vuelves la cara cuando yo te llamo y yo giro la mía cuando eres tú quien me reclama. ¿Qué sinsentido puede querer que continúe una relación así? ¿Qué necesidad cubrimos cuando lo único que buscamos es hacernos daño?

Abrir puertas y nunca cerrarlas puede hacer que entre frío en tu casa. Vivir en un hogar sin fachada, puede dejarte a merced de las avenencias del tiempo y el clima. ¿Y si comenzamos a marcar límites en la Tierra? ¿Y si aprendemos a apoderarnos de lo que realmente es nuestro? ¿Y si supiéramos distinguir entre lo que es tuyo, lo que es mío y lo que no pertenece a ninguno de los dos?

Mendigo deliberadamente mientras consumo mis contados palitos de fósforo. Más sé internamente de ese lugar de ABUNDANCIA que me espera a pocos pasos de esta fría y expuesta esquina en la que me encuentro. Así que, mientras la llama de la última de mis cerillas se consume, confío en llevarme a mí misma allí donde sí se me espera, allí donde sí se me acepta, allí donde las puertas se cierran y donde el frío no entra.

* Ilustración de uno de mis cuentos preferidos de Andersen cuando era niña- “La fosforera”- y del que, sin duda, me acordé mientras escribía este texto. Rebuscando en internet, lo encontré aquí: http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/euro/andersen/la_nina_de_los_fosforos.htm


Texto   Tierra en mis pies


Si la cabeza te dice una cosa.

sábado, 13 de diciembre de 2014

¿Que es ser feliz?


¿Qué es ser feliz?, me preguntó mi hija tímidamente un día.

Y sacudió mi alma esa pregunta, pues la respuesta, yo tampoco la sabía.

Ser feliz…como explicarte hija mía…Es disfrutar cada minuto de la vida, es valorar las cosas pequeñitas, es no sufrir por las grandes que querrías.


Es saber dar sin esperar nada a cambio, es amar con pasión y sin medida. Es a veces encontrar en otro rostro la sensación de la perfecta compañía, es ver sonreír a los seres que quieres y gozar como nuestra aquella dicha.

Son muchas cosas, o tal vez muy poquitas como aceptar con armonía cada día…

Luego de cada frase, sus ojitos 
se abrían enormes y brillantes. Me detuve un instante
pensando que quizás no me entendía…


Y allí ante mi asombro con un gesto de paz, tranquilidad y alegría, me dijo…

¡Qué suerte mamá, ser feliz es más fácil de lo que yo creía!

Anónimo

Ilustración Lydia Sanchez


Si la cabeza te dice una cosa.

domingo, 30 de noviembre de 2014

Infierno o paraíso


En una Experiencia Cercana a la Muerte, nuestro amigo , contempla su vida de pecado y aguarda ansiosamente su destino en el otro mundo.

Un acompañante lo recibe a la entrada del más allá, y con una sonrisa de bienvenida le dice:
"Tú no estás listo todavía, amigo; aún tienes otra oportunidad. Pero regresarás pronto, así que déjame mostrarte lo que sucede aquí del otro lado."

Juntos entran a un gran salón, donde una larga mesa de banquete iluminada con velas aparece cargada de platos de aromática y humeante sopa, suculentas carnes asadas, vegetales perfectamente guisados, fragantes piezas de pan, los más finos vinos, frutas de toda clase, y un increíble despliegue de tortas y pasteles.

Los comensales ocupan todas las sillas, pero asombrosamente, entre semejante lujo, la escena es de dolor y angustia. Formas esqueléticas se retuercen y gimen de hambre, con apenas la fuerza para golpearse unos a otros con sus cucharas.

Mirando más de cerca, nuestro amigo ve que todas las cucharas tienen largos mangos -más largos que los brazos de los comensales; demasiado largos para que se alimenten a si mismos.
"Así que este es el infierno" -dice nuestro amigo. "Ira y miseria en medio de la abundancia. ¿Dónde está el Diablo?"

"El mal reside en la mente de los hombres" -dice el acompañante. "Pero ven, déjame mostrarte algo más."

Ambos entran a otro gran salón, y en ese salón hay otra gran mesa de banquete, iluminada por velas y cubierta por una similar increíble variedad de deliciosas comidas, bebidas y dulces. Aquí los sonidos de risa, charla y canciones llenan el aire, mientras comensales felices y saludables disfrutan del banquete y la mutua compañía.

Ellos también tienen largas cucharas, pero están dándose de comer unos a otros.

"Y esto -dice el acompañante- es el Paraíso."





Anónimo


Ilustración Tara Mcpherson


Si la cabeza te dice una cosa.

domingo, 23 de noviembre de 2014

¿Bueno o malo? El tiempo lo dirá


Había una vez un hombre que vivía con su hijo en una pequeña granja. Se dedicaba a trabajar la tierra y tenía una yegua que le ayudaba en la labranza y en la recogida de la cosecha. Este era su bien más preciado.

Un día la yegua se escapó de la cuadra. El vecino se percató al instante y corrió a la casa de nuestro hombre diciéndole:
Tu yegua se escapó, ¿que harás ahora para trabajar el campo sin ella? Se te avecina un invierno muy duro, ¡qué mal te ha ido!
El hombre lo miró y le dijo:
¿Bueno o malo?.

Pasó algún tiempo y la yegua volvió a su redil con diez caballos salvajes con los que se había unido. El vecino al observar esto, otra vez llamó al hombre y le dijo:
No solo recuperaste tu yegua, sino que ahora tienes diez caballos más, podrás vender y criar. ¡Qué bueno es esto para ti!
El hombre lo miró y le dijo:
¿Bueno o malo?.

Más adelante, el hijo de nuestro hombre montaba uno de los caballos salvajes para domarlo y al dar un salto se cayó al suelo partiéndose una pierna. Otra vez el vecino fue a decirle:
Tanta suerte y al final…que mal te ha ido!. Tu hijo accidentado no podrá ayudarte, tu eres ya mayor y sin su ayuda no podrás realizar todos los trabajos.
El hombre, otra vez lo miró y dijo:
¿Bueno o malo?.

Pasó un corto periodo de tiempo y en ese país estalló la guerra, de manera que el ejército iba por las granjas reclutando a los jóvenes para llevarlos al campo de batalla. Al hijo del vecino se lo llevaron por estar sano y al de nuestro hombre se le declaró no apto por estar imposibilitado.
Nuevamente el vecino corrió diciendo:
Se llevaron a mi hijo por estar sano y al tuyo lo rechazaron por su pierna rota. ¡Qué bien te ha ido!
Otra vez el hombre lo miró diciendo:
¿Bueno o malo?.

Cuando una nueva situación nos llega, nos dejamos llevar por el disfraz en el que viene envuelta. Lo que aparentemente es bueno nos alegra y ante los contratiempos, nos hundimos en la desesperanza.

Pero el tiempo se encarga de decir si ha sido bueno o malo.

Anónimo

Si la cabeza te dice una cosa.

domingo, 26 de octubre de 2014

El hilo rojo del destino



Hace mucho tiempo, un emperador se enteró de que en una de las provincias de su reino vivía una bruja muy poderosa, quien tenía la capacidad de poder ver el hilo rojo del destino y la mandó traer ante su presencia.

Cuando la bruja llegó, el emperador le ordenó que buscara el otro extremo del hilo rojo que llevaba atado al meñique y lo llevara ante la que sería su esposa.

La bruja accedió a esta petición y comenzó a seguir y seguir el hilo. Esta búsqueda los llevó hasta un mercado, en donde una pobre campesina con una bebé en los brazos ofrecía sus productos.
Al llegar hasta donde estaba esta campesina, se detuvo frente a ella y la invitó a ponerse de pie. Hizo que el joven emperador se acercara y le dijo : «Aquí termina tu hilo», pero al escuchar esto el emperador enfureció, creyendo que era una burla de la bruja, empujó a la campesina que aún llevaba a su pequeña bebé en brazos y la hizo caer, haciendo que la bebé se hiciera una gran herida en la frente, ordenó a sus guardias que detuvieran a la bruja y le cortaran la cabeza.

Muchos años después, llegó el momento en que este emperador debía casarse y su corte le recomendó que lo mejor era que desposara a la hija de un general muy poderoso. Aceptó y llegó el día de la boda. Y en el momento de ver por primera vez la cara de su esposa, la cual entró al templo con un hermoso vestido y un velo que la cubría totalmente… Al levantárselo, vio que ese hermoso rostro tenía una cicatriz muy peculiar en la frente.

Anónimo


Si la cabeza te dice una cosa.

sábado, 12 de julio de 2014

¡Disfruten su café!


Un grupo de profesionales, todos triunfadores en sus respectivas carreras, se juntó para visitar a su antiguo profesor. Pronto en plena charla surgieron las quejas acerca del interminable ‘stress’ que les producía el trabajo y la vida en general.

El profesor les ofreció café, fue a la cocina y pronto regresó con una cafetera grande y una gran colección de tazas de porcelana, plástico, vidrio, cristal, unas
sencillas y baratas, otras decoradas y muy caras… Tranquilamente les dijo que escogieran una taza y se sirvieran un poco del café recién preparado.

El viejo maestro se aclaró la garganta y con mucha calma y paciencia se dirigió al grupo: “Se habrán dado cuenta, de que todas las tazas que lucían bonitas se terminaron primero y quedaron las más sencillas y baratas; lo que es natural, ya que cada uno elige lo mejor para sí mismo”.

Ésa es realmente la causa de muchos de sus problemas relativos al stress. “Les aseguro que la taza no le añadió calidad al café. En verdad, la taza solamente disfraza o reviste lo que bebemos. Lo que ustedes querían era el café, no la taza, pero instintivamente buscaron las mejores. Después se pusieron a mirar las tazas de los demás.

Ahora piensen en esto: La vida es el café. El trabajo, el dinero, la posición social, etc.…son solo tazas, que le dan forma y soporte a la vida.

El tipo de taza que tengamos no define ni cambia realmente la calidad de vida que llevamos. A menudo, por concentrarnos sólo en la taza dejamos de disfrutar el café.

¡Disfruten su café!. La gente más feliz no es la que tiene lo mejor de todo sino la que hace lo mejor con lo que tiene.

También debemos recordar que la persona más rica no es la que tiene más, sino la que necesita menos.

Anónimo

Ilustración Alice Feagan


Si la cabeza te dice una cosa.

domingo, 29 de junio de 2014

Su paquete de galletitas

“A una estación de trenes llega una tarde, una señora muy elegante. En la ventanilla le informan que el tren está retrasado y que tardará aproximadamente una hora en llegar a la estación.
Un poco fastidiada, la señora va al puesto de diarios y compra una revista, luego pasa al kiosco y compra un paquete de galletitas y una lata de gaseosa.

Preparada para la forzosa espera, se sienta en uno de los largos bancos del andén. Mientras hojea la revista, un joven se sienta a su lado y comienza a leer un diario. Imprevistamente la señora ve, por el rabillo del ojo, cómo el muchacho, sin decir una palabra, estira la mano, agarra el paquete de galletitas, lo abre y después de sacar una comienza a comérsela despreocupadamente.

La mujer está indignada. No está dispuesta a ser grosera, pero tampoco a hacer de cuenta que nada ha pasado; así que, con gesto ampuloso, toma el paquete y saca una galletita que exhibe frente al joven y se la come mirándolo fijamente.

Por toda respuesta, el joven sonríe… y toma otra galletita.
La señora gime un poco, toma una nueva galletita y, con ostensibles señales de fastidio, se la come sosteniendo otra vez la mirada en el muchacho.
El diálogo de miradas y sonrisas continúa entre galleta y galleta. La señora cada vez más irritada, el muchacho cada vez más divertido.
Finalmente, la señora se da cuenta de que en el paquete queda sólo la última galletita. ” No podrá ser tan caradura”, piensa, y se queda como congelada mirando alternativamente al joven y a las galletitas.
Con calma, el muchacho alarga la mano, toma la última galletita y, con mucha suavidad, la corta exactamente por la mitad. Con su sonrisa más amorosa le ofrece media a la señora.

- ¡Gracias! – dice la mujer tomando con rudeza la media galletita.
- De nada – contesta el joven sonriendo angelical mientras come su mitad.
El tren llega.
Furiosa, la señora se levanta con sus cosas y sube al tren. Al arrancar, desde el vagón ve al muchacho todavía sentado en el banco del andén y piensa: ” Insolente”.
Siente la boca reseca de ira. Abre la cartera para sacar la lata de gaseosa y se sorprende al encontrar, cerrado, su paquete de galletitas… ¡Intacto!.

Jorge Bucay

Que cantidad de situaciones nos ofrece la vida para ponernos en el lado del otro. Cuantas oportunidades nos son ofrecidas para ir un poco más allá de nuestra “única visión del mundo”.

Que cantidad de situaciones nos ofrece la vida para ponernos en el lado del otro. Cuantas oportunidades nos son ofrecidas para ir un poco más allá de nuestra “única visión del mundo”.

Podemos aprender que lo que nos da valor es la generosidad. Solo cuando somos realmente generosos podemos disfrutar de cada uno de los momentos porque la generosidad es una herramienta que reduce nuestro miedo. Y hablo de ser generoso con lo que no nos sobra, con nuestro tiempo y con nuestra dedicación. Cada minuto de generosidad es una oportunidad para inspirar a los demás

Álvaro Merino

Ilustración Marianna Fulvi


Si la cabeza te dice una cosa.

jueves, 26 de junio de 2014

Un viaje con propósito

Un día el padre de una familia muy rica llevó a su hijo de viaje al campo con el único propósito de que viera que tan pobres las personas pueden ser.
Pasaron varios días y varias noches en la hacienda a la cual el consideraba que eran una familia muy pobre.
En el viaje de regreso a casa, el padre le pregunta a su hijo: 
¿Que tal el viaje? Fue maravilloso, dice el hijo.


Entonces hijo, ¿qué aprendiste del viaje? pregunta el padre. 
El hijo le contesta, vi que nosotros tenemos un perro y ellos tienen cuatro. Nosotros tenemos una piscina pequeña en medio del patio y ellos tienen un rio que no tiene fin. Nosotros tenemos linternas importadas y ellos tienen las estrellas de la noche. Nuestro patio es la parte del frente y ellos tienen todo el horizonte.
Nosotros tenemos un pequeño pedazo de tierra y ellos tienen colinas que apenas nuestra vista alcanzan a ver. Nosotros tenemos sirvientes y ellos se sirven entre si. Nosotros compramos los alimentos y ellos los cosechan. Nosotros tenemos paredes para proteger nuestra propiedad y ellos tienen amigos que se la protegen.
Con esto el hijo puso a su padre a pensar. 



Entonces agregó, gracias papa por mostrarme lo pobres que somos nosotros.

MUCHAS VECES OLVIDAMOS LO QUE TENEMOS, POR DETENERNOS A PENSAR EN LO QUE NO TENEMOS.

Anónimo

Ilustración Alice Potter


Si la cabeza te dice una cosa.

martes, 13 de mayo de 2014

Porque seguir llorando?

Un sabio se puso en frente de un público y contó un chiste...Todo el mundo se empezó a reír.
Al rato, contó el mismo chiste, pero esta vez se río menos gente. Contó el mismo chiste una y otra vez, y ya nadie se reía.
Entonces sonrió y dijo:
No puedes reírte de la misma broma una y otra vez, entonces;
¿por qué sigues llorando por lo mismo una y otra vez? ...

Anónimo

Ilustración Geraldine Alibeu


Si la cabeza te dice una cosa.

lunes, 12 de mayo de 2014

Hasta el ser más pequeño e insignificante


Dormía tranquilamente un león, cuando un ratón empezó a juguetear encima de su cuerpo. 


Despertó el león y rápidamente atrapó al ratón, y a punto de ser devorado, le pidió éste que le perdonara, prometiéndole pagarle cumplidamente llegado el momento oportuno.

El león miró al ratón con incredulidad y riendo ante la osadía del ratón, lo dejó marchar.
Pocos días después, unos cazadores apresaron al león y le ataron con una cuerda a un frondoso árbol. Pasó por ahí el "ratoncillo", quien al oír los lamentos del león, corrió al lugar y royó la cuerda, hasta dejarlo libre.

Días atrás – le dijo – me miraste con sorna pensando que nada podría hacer por ti en agradecimiento.
Ahora, la vida te ha mostrado que hasta el ser más pequeño e insignificante te puede resultar de ayuda.

Anónimo

Si la cabeza te dice una cosa.

viernes, 25 de abril de 2014

Siempre hay un lugar para tomar una caña con un amigo


Un profesor, delante de sus alumnos de la clase de filosofía, sin decir ni una palabra, cogió un bote grande de vidrio y procedió a llenarlo con pelotas de golf. Después preguntó a los estudiantes si el bote estaba lleno. Los estudiantes estuvieron de acuerdo en decir que sí.

El profesor cogió una caja llena de perdigones y los vació dentro del bote. Estos llenaron los espacios vacíos que quedaban entre las pelotas de golf.

El profesor volvió a preguntar de nuevo a los estudiantes si el bote estaba lleno, y ellos volvieron a contestar que sí.

Después el profesor cogió una caja con arena y la vació dentro del bote. Por supuesto, que la arena llenó todos los espacios vacíos y el profesor volvió a preguntar de nuevo si el bote estaba lleno. En esta ocasión los estudiantes le respondieron con un sí unánime.

El profesor, rápidamente añadió dos cervezas al contenido del bote y efectivamente, el líquido llenó todos los espacios vacíos entre la arena.

Los estudiantes reían. Cuando la risa se fue apagando, el profesor les dijo:
"Quiero que os fijéis que este bote representa la vida.

Las pelotas de golf son las cosas importantes como la familia, los hijos, la salud, los amigos, el amor, cosas que te apasionan. Son cosas que, aunque perdiéramos el resto y nada mas nos quedasen estas, vuestras vidas aún estarían llenas.

Los perdigones son las otras cosas que nos importan, como el trabajo, la casa, el coche.

La arena es el resto de las pequeñas cosas.

Si primero pusiéramos la arena en el bote, no habría espacio para los perdigones, ni para las pelotas de golf. Lo mismo sucede con la vida. Si utilizáramos todo nuestro tiempo y energía en las cosas pequeñas, no tendríamos nunca lugar para las cosas realmente importantes.

Presta atención a las cosas que son cruciales para tu felicidad.Juega con tus hijos, concédete tiempo para ir al médico, ve con tu pareja a cenar, practica tu deporte o tu afición favorita. Siempre habrá tiempo para limpiar la casa, para reparar la llave del agua.

Ocúpate primero de las pelotas de golf, de las cosas que realmente te importan. Establece tus prioridades, el resto solo es arena".

Uno de los estudiantes levanto la mano y preguntó que representaban las cervezas.

El profesor sonrío y le dijo: "Me encanta que me hagas esta pregunta!.La cerveza es para demostrar que aunque tu vida te parezca llena, siempre hay un lugar para dos cañas con un amigo".

Anónimo

Imagen Chris Pyle


Si la cabeza te dice una cosa.

sábado, 15 de marzo de 2014

Repíteme otra vez...


...Repíteme otra vez, que la pareja del cuento fue feliz hasta la muerte, que ella no le fue infiel, que a él ni siquiera se le ocurrió engañarla. Y no te olvides de que, a pesar del tiempo y los problemas, se seguían besando cada noche.

Cuéntamelo mil veces, por favor: es la historia más bella que conozco.

Amalia Bautista

Ilustrado Margarita Sikorskaia


Si la cabeza te dice una cosa.

domingo, 16 de febrero de 2014

El punto final


Cuando nos conocimos, ella me dijo: “Te doy el punto final. Es un punto muy valioso, no lo pierdas. Consérvalo, para usarlo en el momento oportuno. Es lo mejor que puedo darte y lo hago porque me mereces confianza. Espero que no me defraudes”.

Durante mucho tiempo, tuve el punto final en el bolsillo. Mezclado con las monedas, las briznas de tabaco y los fósforos, se ensuciaba un poco; además, éramos tan felices que pensé que nunca habría de usarlo. Entonces compré un estuche seguro y allí lo guardé.

Los días transcurrían venturosos, al abrigo de la desilusión y del tedio. Por la mañana nos despertábamos alegres, dichosos de estar juntos; cada jornada se abría como un vasto mundo desconocido, lleno de sorpresas a descubrir. Las cosas familiares dejaron de serlo, recobraron la perdida frescura, y otras, como los parques y los lagos, se volvieron acogedoras, maternales. Recorríamos las calles observando cosas que los demás no veían y los aromas, los colores, las luces, el tiempo y el espacio eran más intensos. Nuestra percepción se había agudizado, como bajo los efectos de una poderosa droga. Pero no estábamos ebrios, sino sutiles y serenos, dotados de una rara capacidad para armonizar con el mundo. Teníamos con nuestros sentidos una singular melodía que respetaba el orden del exterior, sin sujetarse a él.

Con la felicidad, olvidé el estuche, o lo perdí, inadvertidamente. No puedo saberlo.

Ahora que la dicha terminó, no encuentro el punto final por ningún lado. Esto crea conflictos y rencores suplementarios.
¿ Dónde lo guardaste?, me pregunta ella, indignada. ¿ Qué esperas para usarlo? No demores más, de lo contrario, todo lo anterior perderá belleza y sentido.

Busco en los armarios, en los abrigos, en los cajones, en el forro de los sillones, debajo de la mesa y de la cama. Pero el punto no está; tampoco el estuche. Mi búsqueda se ha vuelto tensa, obsesiva. Es posible que lo haya extraviado en alguno de nuestros momentos felices. No está en la sala, ni en el dormitorio, ni en la chimenea. ¿ El gato se lo habrá comido?.

Su ausencia aumenta nuestra desdicha de manera dolorosa. En tanto el punto no aparezca, estamos encadenados el uno al otro, y esos eslabones están hechos de rencor, apatía vergüenza y odio. Debemos conformarnos con seguir así, desechando la posibilidad de una nueva vida.

Nuestras noches son penosas, compartiendo la misma habitación, donde el resquemor tiene la estatura de una pared y asfixia, como un vapor malsano. Tiñe los muebles, los armarios, los libros dispersos por el suelo. Discutimos por cualquier cosa, aunque los dos sabemos que en el fondo, se trata de la desaparición del punto, del cual ella me responsabiliza. Creo que a veces sospecha que en realidad lo tengo, escondido, para vengarme de ella.

“ No debí confiar en ti – se reprocha -. Debí imaginar que me traicionarías.”

Era un estuche de plata, largo, de los que antiguamente se usaban para guardar rapé. Lo compré en un mercado de artículos viejos. Me pareció el lugar más adecuado para guardarlo. El punto estaba allí, redondo, minúsculo, bien acomodado. Pero pasaron tantos años. Es posible que se extraviara durante una mudanza, o quizás alguien lo robó, pensando que era valioso.

Luego de buscarlo en vano casi todo el día, me voy de casa, para no encontrar su mirada de reproche, su voz de odio. Toda nuestra felicidad anterior ha desaparecido, y sería inútil pensar que volverá. Pero tampoco podemos separarnos. Ese punto huidizo nos liga, nos ata, nos llena de rencor y de fastidio, va devorando uno a uno los días anteriores, los que fueron hermosos.

Sólo espero que en algún momento aparezca, por azar, extraviado en un bolsillo, confundido con los otros objetos. Entonces será un gordo, enlutado, sucio y polvoriento punto final, a destiempo, como el que colocan los escritores noveles.


Autora y escritora   Cristina Peri Rossi

Ilustración   Micah Champion

Si la cabeza te dice una cosa.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Ser feliz es más fácil de lo que yo creía!



¿Qué es ser feliz?, me preguntó mi hija tímidamente un día…

Y sacudió mi alma esa pregunta, pues la respuesta, yo tampoco la sabía…

Ser feliz…como explicarte hija mía…
Es disfrutar cada minuto de la vida,
es valorar las cosas pequeñitas,
es no sufrir por las grandes que querrías…,
es saber dar sin esperar respuesta,
es amar con pasión y sin medida…
es a veces encontrar en otro rostro la sensación de la perfecta compañía…
es ver sonreír a los seres que quieres y gozar como nuestra aquella dicha.

Son muchas cosas, o tal vez muy poquitas,
es aceptar con armonía cada día…

Luego de cada frase sus ojitos
más enormes y más brillosos se abrían;
entonces me detuve un instante
pensando que quizás no me entendía…
y allí ante mi asombro con un gesto de paz
tranquilidad y alegría, me dijo…

¡Qué suerte mamá, entonces ser feliz es más fácil de lo que yo creía!…”

Anónimo

Ilustración Laura Pérez


Si la cabeza te dice una cosa.

jueves, 24 de octubre de 2013

La mejor elección?


Un día, un becerro tuvo que atravesar un bosque virgen para volver a su pastura. Siendo animal irracional, abrió un sendero tortuoso, lleno de curvas, subiendo y bajando colinas.

Al día siguiente, un perro que pasaba por allí usó ese mismo sendero para atravesar el bosque. Después fue el turno de un carnero, líder de un rebaño, que, viendo el espacio ya abierto, hizo a sus compañeros seguir por allí.

Más tarde, los hombres comenzaron a usar ese sendero: entraban y salían, giraban a la derecha, a la izquierda, descendían, se desviaban de obstáculos, quejándose y maldiciendo, con toda razón. Pero no hacían nada para crear una nueva alternativa.

Después de tanto uso, el sendero acabó convertido en un amplio camino donde los pobres animales se cansaban bajo pesadas cargas, obligados a recorrer en tres horas una distancia que podría haber sido vencida en treinta minutos, si no hubieran seguido la vía abierta por el becerro.

Pasaron muchos años y el camino se convirtió en la calle principal de un poblado y, posteriormente, en la avenida principal de una ciudad. Todos se quejaban del tránsito, porque el trayecto era el peor posible.

Mientras tanto, el viejo y sabio bosque se reía, al ver que los hombres tienen la tendencia a seguir como ciegos el camino que ya está abierto, sin preguntarse nunca si aquélla es la mejor elección.

Anónimo

Ilustración Mackenzie Thorpe


Si la cabeza te dice una cosa.
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